Jorge Bergoglio, nuestro hermano Francisco, nos pide a los ateos que
colaboremos con la paz. Asumo que hubo ateos que cometieron crímenes, que
no solo nos averguenzan sino aún esperan respuestas y aclaraciones; mas
los ateos, querido Francisco, no bombardeabamos Vietnam con napalm, no
invadimos Afganistan ni Irak. Dios nos libre de lanzar bombas atómicas
como las de Hiroshima y Nagasaki; que aún nos ciegan. Nosotros, los
ateos, no matamos a nadie en Sabra y Chatila; no hemos levantado muros
ni alambradas contra la población palestina; tampoco lanzamos misiles
contra los poblados judios. Nosotros, Francisco, no armamos a las étnías
africanas para que se maten entre ellas; mientras explotamos sus
yacimientos minerales. Mención aparte merece la invasión española, que
ocasionó el más grande genocidio del que tenga conocimiento la historia
humana: casi once millones de indígenas muertos, y los católicos reyes como si les hubieran dicho... "por qué no te callas?"
Francisco,
usted comprenderá que no puedo hablar, o escribir, por todos los ateos.
Así como hay: católicos, luteranos, y cristianos en su infinidad de
sectas. Los ateos nos dividimos: entre los que lo somos gracias a Dios, a
la ciencia, a la propia iglesia que hoy usted representa, y los otros;
los que están casi convencidos que la iglesia católica y los católicos
son el mal de la humanidad y un blanco para sus ponzoñozos dardos.
Reconocemos,
al menos yo y en eso espero no equivocarme, que usted trata de reformar
su pequeño reino terrenal; una tarea extenuante y de largo aliento. Más
fácil sería arrojar a los mercaderes del templo, que a los lavadores de
dinero en el banco del Vaticano, a los pederastas y a sus cómplices; a
los príncipes de la iglesia, a los que Luis Hernández, les llamaba
solteros eternos, esos que se aliaron con las dictaduras del cono Sur en
contra del pueblo de Dios, es decir contra todos los pueblos; su
pueblo.
Hoy usted, eso me parece, lanza una cruzada por
la paz. Bueno los ateos seremos sus cruzados y trataremos de conquistar
esa nueva Jerusalén, que usted nos pide. Esa Jerusalén de paz, justicia
y equidad.
La humanidad necesita un lider espiritual.
Gandhi, lo fue en su tiempo contra el imperio colonial más fuerte de
ese momento. Mandela, en su larga lucha, contra el régimen racista de
Sudafrica, pasó una vida en la cárcel y nunca se doblegó. Ambos han
partido en su larga marcha al infinito, tal vez hacía la morada de los
dioses o simplemente hacía la nada. Cuando usted era Jorge;
aunque entiendo que ser un príncipe de la iglesia no es tan simple, viajaba en
transporte público, compraba o recibía su diario como cualquier mortal
y, sobre todo, era y sigue siendo un tipo sobrio, de perfil bajo; lejano
al boato y las ostentaciones.
Francisco, le decía
lineas arriba que la humanidad necesita un lider espiritual; quién mejor
que usted?. Cabeza de una iglesia en crisis, pero viva. Usted no lo
eligió es cierto, tal vez su Dios lo hizo por usted, lo cierto es que
con sus actitudes: esa entronización dejando la ostentación de los que
le precedieron y que era un cuchillo clavado en el corazón de la
pobreza, eligiendo un trono diferente; no ese nuevo becerro de oro en el
cual muchos de sus antecesores posaron su trasera dignidad. Usted
tendiéndole la mano a los gays como parte de su rebaño. Usted criticando
a los modernos mercaderes que creen que la globalización y el mercado
están por encima de la humanidad.
La decisión es suya, mas ya no puede
dar marcha atrás sin que ese edificio: agrietado, vetusto y lleno de
sombras en el que se convertido la iglesia católica termine de
desplomarse.
Atte.
Marco Pastrana